¿Qué es Geopolítica? (Coronel Baños)
Aprender con el Coronel Pedro Baños ⚫①
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Trascripción en Bruto
Introducción:
Soy Pedro Baños y voy a intentar explicar lo que significa actualmente geopolítica, lo que se entiende por este término. Para comprender el significado actual de la palabra geopolítica, no basta con rebuscar en sus acepciones tradicionales nacidas en el siglo XIX. Sin ignorarlas, hay que ir un paso más allá y enmarcarla correctamente en el vigente contexto mundial.
Según la visión clásica, los acontecimientos políticos se podían comprender, interpretar y hasta justificar por su vinculación a posiciones geográficas, así como a antecedentes tanto geográficos como históricos. Al mismo tiempo, en este enfoque se acepta la existencia de una serie de constantes geopolíticas que conforman casi de una manera inmutable e imperecedera el marco de desarrollo de sucesos que se repiten desde tiempos pasados hasta el presente.
Sin desdeñar estas aproximaciones, la geopolítica actual exige estudios mucho más amplios y profundos. La innegable globalización y la creciente interdependencia entre países hacen que la geopolítica haya pasado de estar exclusivamente limitada a la tierra constreñida a un territorio dado, a un espacio físico muy concreto, para referirse a la tierra con mayúsculas, a todo el globo terráqueo.
Mientras que sus orígenes, la geopolítica clásica, que incluso con el nombre de geografía política, se focaliza exclusivamente en dos dominios: la tierra y el mar. Posteriormente se añadió el del aire con la aparición de la aviación, pero hoy existen otros dominios a tener muy en cuenta. De hecho, actualmente incluso se puede hablar ya de una geopolítica que afecta al espacio exterior. Más allá del propio planeta, la necesidad de buscar nuevas fuentes de energía como el helio 3 en la Luna, o simplemente lugares donde asentar una población creciente en una cada vez más limitada y esquilmada superficie terrestre, hace que la moderna geopolítica también se interese por dimensiones extraterrestres. Sin olvidar el ámbito del espectro electromagnético o ciberespacio de creciente relevancia, y hasta el dominio cognitivo, es decir, el referido a la mente humana.
Lo que no hay duda es de que hoy en día incluso los países más pequeños están obligados a establecer su geopolítica. Pues poco habrá de lo que pase en el resto del mundo que no les afecte de un modo u otro. Por otro lado, la expresión geopolítica ha ganado enormemente en dinamismo, siendo obligatorio no solo profundizar en el estudio del pasado y del presente, sino también escudriñar en el futuro. Si conseguimos dilucidar cómo se desarrollarán los acontecimientos en los próximos años, podemos adelantar acciones beneficiosas para los propios intereses, que deben ser los de toda la humanidad.
Pero sobre todo, la geopolítica hay que interpretarla en el marco de la modificación etimológica ya apuntada, en la que de un prefijo "Geo" con significado de territorio, se pasa a otro aceptado como el conjunto del planeta tierra. Dentro de un panorama donde los condicionamientos geográficos de la política no son ya exclusivamente los del propio territorio nacional o el de los posibles adversarios, sino el conjunto del escenario planetario.
En el diccionario de la lengua de la Real Academia Española, las dos primeras acepciones que se ofrecen de la palabra política proporcionan valiosa información para lo que nos atañe: la primera dice que es el arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los estados, mientras que la segunda expone que es la actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos, que bien se podría traducir como la aspiración a regir los destinos de sus congéneres.
Con todo lo mencionado anteriormente, la geopolítica actual podría definirse como la actividad que se desarrolla con la finalidad de influir en los asuntos de la esfera internacional, entendido este ejercicio como la aspiración de influencia a escala global, evitando al mismo tiempo ser influidos. Incluso se podría concretar como la actividad que realizan aquellos que aspiran a regir los designios mundiales, o al menos en una amplia zona del mundo, al tiempo que tratan de impedir que otros actores internacionales dirijan los suyos, aspirando a que nadie tenga capacidad para entrometerse en sus decisiones.
Existe la posibilidad de definir también la geopolítica como un procedimiento de estudio y análisis global, que sería la aplicación teórica propia de estudiosos universitarios y think tanks, y que está diferenciada de la actividad que es desarrollada por aquellos que tienen la responsabilidad de su puesta en práctica por el puesto político que desempeñan dentro del gobierno de su país.
Entonces, ¿en qué consiste la geopolítica actual? A pesar de esta novedad en la terminología, la geopolítica, en ese intento de dominio a escala planetaria, sigue estando estrechamente ligada a las circunstancias geográficas, las únicas que nunca cambian, bien sean desde meros accidentes tales como cadenas montañosas o estrechos, a la población asentada, pasando por los diferentes recursos naturales, energéticos, minerales, hídricos, agrícolas, pesqueros. Sin olvidar que la geopolítica también va a actuar sobre otros factores menos tangibles, aunque no por ello menos importantes, como la economía y las finanzas.
Precisamente por abarcar semejante espectro, esta neonata geopolítica es al mismo tiempo la generadora de las demás políticas nacionales, como son la económica, la diplomática, la militar, la sanitaria, la medioambiental, la social o la de seguridad, a las cuales aglutina. Poco o más bien nada de lo que sucede en un país puede desligarse completamente de la situación internacional, de las tendencias mundiales dominantes y de los riesgos comunes. En este panorama de escala planetaria, donde la complejidad y la confusión no dejan de aumentar, se hace cada vez más imprescindible para los decisores geopolíticos disponer de inteligencia precisa que posibilite vislumbrar acontecimientos futuros.
Dentro del proceso de establecimiento de las directrices geopolíticas, en primer lugar se deben determinar las necesidades y los intereses del Estado. De ahí surgir
án las estrategias pertinentes, convertidas en geoestratégicas, es decir, en los procedimientos, las acciones y los medios requeridos para satisfacer los fines geopolíticos, el cómo y el con qué. Dicho de otro modo, la geoestrategia es la concepción y puesta en práctica de líneas de acción para alcanzar los objetivos marcados por la geopolítica.
La geopolítica, para desarrollar sus valoraciones, debe seguir un esquema: necesidades, exigencias, objetivos, medios. Este se materializa en otro que enlaza intereses, políticas, estrategias, acciones y recursos; esquemas ambos que en definitiva van a responder ante cualquier hecho a las preguntas para qué, qué, cómo, con qué. Si la duda, los elementos impulsores de cualquier acción geopolítica son las necesidades, bien sean reales o tan solo sentidas como tales, sin ánimo de ser exhaustivo sobre esta teoría, muy esclarecedora para explicar el funcionamiento de los Estados, es imprescindible apuntar.
Los pilares que permiten aclarar la génesis de la geopolítica de un Estado, las más básicas de estas necesidades son, como no podría ser de otra manera, todas aquellas relacionadas con la supervivencia y la seguridad del Estado. En línea con las teorías de los padres del pensamiento geopolítico como Russell o Mackinder, se puede considerar al Estado como un ser vivo y, por lo tanto, concederle las mismas necesidades. Entre ellas se pueden incluir la inviolabilidad del territorio, la protección de la vida y el bienestar de la población, la preservación de su tradicional modo de vida y sus valores propios, así como garantizar su soberanía, su independencia y su régimen político-jurídico.
Una vez concretadas las necesidades de cada Estado, de ellas surgen los intereses que se deben identificar, fomentar y defender a toda costa, con objeto de que dichas necesidades sean adecuadamente satisfechas. En este proceso, juega un importante papel una considerable cantidad de factores característicos de cada Estado, que actuarán tanto de fomentadores como de limitadores de dichos intereses.
Entre los más habituales pueden figurar, por un lado, los numerosos y varios aspectos relacionados con la población, cantidad, educación, razas, culturas, lenguas. Por otro, los del territorio, riqueza, amplitud, orografía, hidrografía, clima. Siguiendo con aspectos menos palpables o directamente perceptibles, pero no por ellos de menor significado, como los antecedentes históricos, el legado cultural, la realidad socio-religioso-política actual, las aspiraciones de gobernados y gobernantes, el sistema jurídico, la influencia de las ideologías o el espíritu belicoso o pacifista dominante.
De este modo, se van a ir concretando una serie de intereses tanto de índole interna como externa. Dentro de los intereses externos, los directamente relacionados con la geopolítica se pueden dividir, a su vez, entre particulares y compartidos. Por lo que respecta a los intereses externos particulares, los más habituales consisten en proporcionar seguridad al Estado y sus ciudadanos desde lugares distantes del propio territorio nacional; mantener a toda costa la independencia, la libertad para la adopción de decisiones, impidiendo por ello cualquier tipo de injerencia externa, sea política, económica o simplemente cultural; lograr la igualdad, o no poderse obtener cierta ascendencia en las relaciones con otros Estados y agentes internacionales; fomentar y mantener la prosperidad económica del Estado y sus ciudadanos mediante una provechosa relación comercial, un flujo ininterrumpido de recursos naturales y energéticos; la defensa y ampliación de las redes de comunicación, tanto terrestres como las muy fundamentales marítimas; la protección eficaz de capitales, la adecuada circulación de bienes y mercancías, y la salvaguardia de las finanzas; alcanzar y consolidar una reconocida y prestigiosa posición en el orden internacional que proporcione suficiente buena imagen, influencia y respeto, incluso el debido efecto disuasorio ante hipotéticos actos adversos.
En cuanto a los intereses compartidos, suele ocurrir que, para garantizar su supervivencia, el Estado tenga que adscribirse a organizaciones internacionales y supranacionales con la esperanza de conseguir una protección superior a la obtenida con los medios y recursos propios. Por el mismo razonamiento, estará interesado en alianzas que redunden en su seguridad, aunque siempre sin olvidar que, como bien demuestran sobradamente tantísimos ejemplos históricos, las alianzas son siempre temporales y, por lo tanto, sujetas a cambios constantes. Lo que hace que siempre se deba obrar con la debida cautela, sin caer en la inocencia de pensar que una alianza u organización internacional se va a preocupar indefinidamente de los intereses nacionales y que, por lo tanto, ya no son precisas otras medidas garantistas. Asimismo, aplicarán toda una serie de iniciativas fruto de la percepción común de amenaza, teniendo presente que las alianzas solo se mantienen y son eficaces cuando existe una amenaza real y existencial compartida. Actualmente, estos riesgos, aceptados ampliamente como compartidos, son la actual fragmentación geopolítica del mundo, la creciente rivalidad entre grandes potencias, los numerosos focos de conflictividad, los actos de terrorismo, la proliferación de armas de destrucción masiva o la criminalidad transnacional, incluyendo el tráfico de drogas, personas y armas.
En su obra "El Gran Tablero Mundial", Brzezinski piensa que los tres grandes imperativos de la geoestrategia imperial son: impedir choques entre los vasallos y mantener su dependencia en términos de seguridad; mantener a los tributarios obedientes y protegidos; y finalmente, impedir la unión de los llamados bárbaros. En este sentido, atendiendo a las circunstancias actuales, Estados Unidos, como todavía potencia dominante, emplea la OTAN para impedir el enfrentamiento entre los socios y aliados, y proporcionarles seguridad, incluso imposibilitando que la desarrollen por sí mismos, para así mantenerles dependientes. Asimismo, Washington mantiene a los países aliados sometidos al poder de las instituciones geoeconómicas
que él mismo controla, como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Y por supuesto, al militar de la Alianza Atlántica, al tiempo que impide el acercamiento de la Unión Europea y Rusia, pues juntos la Unión Europea y Rusia podrían dominar Euroasia y poner, por tanto, en riesgo la hegemonía estadounidense.
En este complejo y dificultoso trabajo de amplio espectro y dilatado en el tiempo, donde es probable que haya más errores que aciertos, el analista geopolítico está obligado a desconfiar tanto de enemigos como de aliados, por su propia temporalidad, siendo consciente de que las alianzas pueden y suelen cambiar. Por ello, es obligatorio tener siempre presente que los intereses nacionales deben prevalecer por encima de cualquier otra consideración.
Una vez finalizado el proceso de identificación de necesidades e intereses, el siguiente paso es concretar los riesgos y amenazas que sobre ellos se ciernen, bien sean existenciales o meramente perturbadores. Asimismo, hay que valorar otros aspectos que pueden incidir negativamente en la satisfacción de las necesidades propias, como son los actores adversos, los potenciadores de riesgos o los previsibles escenarios de conflicto. Una vez efectuado el debido análisis, se deberán prever las medidas de protección pertinentes. La política se va a ocupar fundamentalmente del medio y, sobre todo, del largo plazo, debiéndose efectuar un análisis focalizado en las causas, en los porqués y en los para qué.
Esto es con una visión más global y genérica, para ello debe contar con expertos en todos los campos afectados por los intereses nacionales: politólogos, políticos, diplomáticos, militares, psicólogos, sociólogos, geógrafos y expertos en relaciones internacionales y en amenazas concretas. Han de formar parte de un conjunto integrador de conocimientos diversos, su fruto ha de ser configurar un mapa estratégico a largo plazo que conjugue perfectamente los intereses nacionales con los procedimientos y los medios para alcanzarlos, este resultado se debe materializar en una lista de previsiones y en un análisis de prospectiva.
Una geopolítica efectiva no debe estar constreñida por las preocupaciones cotidianas ni absolutamente condicionada por la política interior. Sus analistas tienen que ser capaces de distinguir las modas y las exigencias del momento de los verdaderos objetivos esenciales de la nación. Espero que haya sido de su interés y utilidad esta somera explicación de lo que hoy día es la geopolítica.
Un afectuoso saludo.
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- Ultima Modificación: 2025-04-16 01:26:27.105000+00:00
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